Una de los aptitudes que quizá dan más valor a cualquier compañía es la creatividad de sus empleados. Es también seguramente un elemento imprescindible para el desarrollo de cualquier mejora que una empresa pueda aportar, ya sea en sus productos o servicios o en su modelo de negocio.
¿Pero las empresas promueven realmente la creatividad en todos los puestos de la organización? Puede ser que no. Incluso a veces parece que esta palabra, según para que trabajos o cargos, esté relacionada con la falta de control, organización y anarquismo, y dicho así, ésta sólo se considere válida como un recurso de crisis y no como una habilidad que pueda implantarse en un modelo empresarial de mejora continua que ayude a una empresa a reinventarse cada día.
¿Entonces cómo podrían convivir el pensamiento revolucionario diario con una organización controlada, eficiente y productiva al mismo tiempo que respondiera a un plan de negocio estudiado detenidamente? Quizá una posible vía sería aplicar una estricta política de costes. Bien, desarrollemos una idea que nos pueda ayudar a entender cómo se podría lograr:
Los humanos cuando más nos esforzamos , cuando más valoramos lo que tenemos y cuando sacamos mejor rendimiento de nosotros mismos es, en la mayoría de los casos, cuando nos damos cuenta que lo único que tenemos en ese momento es nuestra cabecita. La expresión “espera un momento, déjame pensar” suele darse cuando los recursos son escasos y hay que esforzarse al máximo para generar una idea brillante que nos permita salir del peligro. De esa situación de crisis logramos obtener una idea que a su vez crea una solución que nos permite lograr aquello que nos habíamos propuesto. Bonita coincidencia entre crisis, idea y objetivo.
Entonces volviendo a la cuestión de la estricta política de costes, podemos crear en cualquier departamento una situación crítica reduciendo los recursos de los que disponen. ¿Por qué algunos departamentos siempre van cortos de recursos y otros siempre tienen a su disponibilidad la capacidad de gasto? Está claro que cuando más recursos tenga un departamento éste tendrá más capacidad, pero esto no tiene porque traducirse en mejores resultados, por ejemplo para el desarrollo de un producto, mayores ventas del departamento comercial o mayor número de piezas producidas. La capacidad no es sinónimo de productividad.
Si en lugar de centrarnos en la capacidad, le damos más importancia a la productividad, no quedará más remedio que crear un plan de trabajo que promueva la creatividad. Si redactamos un plan que tenga como objetivo estar reduciendo costes continuamente y mejorando el sentimiento de confianza de cada uno de los trabajadores, veremos como la organización es continuamente creativa y a la vez organizada y eficiente. Así que siempre se estará reinventándose así misma, evitando que no se pierda en el mundo de las ideas sin sentido ni que se bloquee en el refugio mundo del protocolo.
martes, 10 de marzo de 2009
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